El alba y el ocaso estaban salpicados por cientos de matices azules y anaranjados. Las nubes, algunas blancas y otras vainilla, flotaban levemente a la merced del viento decorando como quien no quiere la cosa el firmamento.
Ahora ese cielo está teñido del rojo de las llamas y los nimbos antes blancos se han tornado negros por la ceniza que asciende desde los cimientos carbonizados de ésta nuestra sociedad .
Ave atque vale.
Ave atque vale.
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