martes, 2 de septiembre de 2014

Cenizas

El cielo de donde viví y crecí estaba lleno de vida.
El alba y el ocaso estaban salpicados por cientos de matices azules y anaranjados. Las nubes, algunas blancas y otras vainilla, flotaban levemente a la merced del viento decorando como quien no quiere la cosa el firmamento.
Ahora ese cielo está teñido del rojo de las llamas y los nimbos antes blancos se han tornado negros por la ceniza que asciende desde los cimientos carbonizados de ésta nuestra sociedad .
Ave atque vale.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Ciudad Fantasma

El polvo que levanta el viento me impide ver a duras penas unos cuantos metros más allá de donde estoy. Éste también me da en los ojos causándome una molesta irritación, reduciendo aún más mi limitado campo de visión. Detrás de mí sólo quedan regueros de muerte, sangre y pena. Me da miedo darme la vuelta por si al girarme, la estampa que contemple, me impida seguir mi camino. A pesar de saber que con el polvo poco podré ver, la idea de mirar hacia lo que tengo tras mis espaldas únicamente me produce escalofríos y una desagradable sensación en el estómago.

Dejo, al fin, esta ciudad, este país del que tan harto estoy de vivir, sufriendo por los actos de otros que jamás conoceré ni me conocerán, me niego a prestarles más mi triste e irrisoria existencia para que jueguen a batallitas con ella como si fuera un simple juguete de sus ridículas rabietas. ¿Es mía mi propia existencia? ¿O acaso sólo es un peón en un tablero donde los reyes juegan a ser dios? ¿No han tenido ya suficiente con lo que les he servido? Estoy cansado ya de tanto triste e inútil juego, del que ya nadie recuerda su principio.

He amado toda mi vida esta ciudad, este país, esta tierra en la que nací y crecí; pero ahora poco queda ya de ese sentimiento y lo único que puedo sentir hacia ella es pena. Ya no es mi ciudad, principalmente, porque no hay ciudad. Donde antes había un parque ahora sólo queda un rastro de arena y polvo; los antiguos edificios altos y esplendorosos son ahora ruinas expuestas al frío, al viento y a la lluvia de otoño; no hay apenas agua y comida cuando esta abundaba todos los días. Ésta ciudad es una ciudad sin alma, sin vida; una ciudad fantasma, pasto de la guerra y la miseria. Ya nada ni nadie me ata a ella, soy libre por fin de huir, porque quien no tiene nada, no tiene nada que perder, o eso dicen.

¿Por qué sigo pues adelante? ¿Hay algo ya por lo que vivir, por lo que luchar, por lo que simplemente existir? No lo sé, quizás algún día encuentre una nueva razón para existir, pero eso jamás lo descubriré si no me marcho. Y es que jamás encontraré la paz aquí aunque acabe la guerra y todo vuelva a ser como antes. ¡No lo será!, todo me recordará las cosas que hice, las personas que se fueron y no volvieron. Solo quedo yo, todos han muerto o se han marchado. Es hora de que abandone la ciudad, porque dentro de unos años no quedará ni sus cimientos convertidos a lo largo del tiempo en polvo, fino y simple polvo.

Ruido

Eres el ruido que hace que mi corazón lleno de odio putrefacto pueda morir.
Sin ti ruido, notas aleatorias de dolor, aun podría sentir.
Y tendría algo por lo que vale la pena vivir.
Una llana razón que detuviera la bala que revienta mi cráneo desde abajo hacia arriba.
Gracias ruido por hacerme verdaderamente libre.